Mi nombre es Fernando Luna.

En la actualidad tengo 50 años. No os voy a contar mi vida, aunque os aseguro que aburrida no es en absoluto. He sido músico, vendedor, productor de vídeo, psicoterapeuta y aventurero (cuando he querido huir de algo).

Nací en una población muy cerca de Barcelona (España).

Mi relación con mi familia siempre fue nefasta. No deseo profundizar en este tema, pues no os llevaría a ningún sitio, ni a mi tampoco.
A pesar de todo, tuve la oportunidad de desarrollarme a nivel educativo, pues mi familia, aunque con pocos medios, sólo tenían que mantener a un único hijo (si, soy hijo único).

Desde edad muy temprana (6 años), tuve que cumplir los deseos de mi padre, que me embarcó en una cruzada, para que su hijo fuera un gran pianista. Para mi fue un horror pasarme horas y horas delante del piano, con exigentes programas de estudio y sin ningún tipo de pedagogía en la enseñanza (corrían los años 70s en la España todavía franquista).

A los 16 años decidí iniciar una revolución, abandonando mis estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona y los estudios en el Consevatorio de Música de Barcelona. Y fue entonces cuando me embarqué yo, por propia voluntad en otra aventura: tocar en un grupo de rock y hacerme famoso.
Después de grabar 2 discos y con muy buenas expectativas, el grupo se fue al traste por desavenencias internas entre los miembros (suele pasar en todo grupo de rock).

Así que decidí abandonar el rock y estudiar composición para orquesta. Pero es un campo difícil si no has nacido en U.S.A. Así que esta vez me dije: Fernando, necesitas una vida normal y dejar todo este mundillo farandulésculo, lleno de egos sobredimensionados y crueles en muchas circunstancias.

Con 33 años (y muchas vivencias en la mochila), me casé. Al principio todo fue como una seda, hasta que descubrí que mi mujer (muy atada a su familia), no estaba preparada para tener hijos. Nos separamos después de 10 años de matrimonio. Por aquel entones yo era vendedor de artículos y equipos industriales y me ganaba bien la vida. Eran los tiempos de la “España va Bien” y en plena “Burbuja Inmobiliaria”.

La cuestión es que vino la crisis y con unos 42 años, me encontré sin esposa, sin hijos, sin trabajo y mi familia me dio la espalda. Mis amigos también.
Empecé sesiones con psicoterapeutas. Al principio, las terapias me hacían efecto, pero al cabo de meses, volvía a recaer.

La soledad que he tenido que soportar y la angustia por no conseguir encontrar trabajo por la crisis, me llevó a realizar lo que se llama “una huida hacia adelante”. Compré un billete sin retorno hacia la selva peruana. Pasé allí unos meses y luego me dirigí hacia Lima. Quería dedicarme a la fotografía y el vídeo, pues tenía experiencia en este campo, ya que había trabajado unos 7 años realizando todo tipo de reportajes, mientras me dedicaba a vender a la industria.

En mi interior me seguía azotando una pena y una tristeza muy profunda. Decidí ir a visitar un chamán que se hallaba en la selva peruana, pues sentía que nadie más podría ayudarme. Allí pasé un mes tomando Ayahuasca y otras hierbas amazónicas, a modo de “cura”. Me harté de vomitar y ver alucinaciones que no entendí muy bien. Quizás tampoco estaba yo para entender nada.

Mi angustia y depresión no me dejaba vivir en un país extraño para mi, donde la soledad acabó invadiéndome en lo más profundo de mi ser y sentía que ya no había razón para seguir viviendo. Así que compré un billete de vuelta apara España y me gasté todo el dinero que me quedaba. Pero al menos, podía seguir mi angustia en mi país de origen.

Después de conocer a una mujer con 3 hijos adolescentes, nos enamoramos y ella me acogió cálidamente en su hogar. Pero sus 3 hijos adolescentes jamás me quisieron. El resultado fue tenerme que irme y romper con esta mujer, que al principio me salvó la vida, pero luego me sumió en otra depresión, de la cual ya no salí hasta hace 3 años.

Pedí ayuda a mi primo y me dejó dinero para instalarme en un pequeño y cutre apartamento, pues en su casa no me quería (tiene 2 hijos). A pesar de mi profunda depresión, todavía me quedaban fuerzas para hacer entrevistas para conseguir trabajo como comercial, pero la crisis seguía azotando España con mucha fuerza y a pesar de mi buen currículo como comercial de ventas, a mis entonces 45-46 años, nadie quería darme trabajo. Y la verdad es que mi actitud, fruto de mi estado anímico, tampoco ayudaba a encontrar trabajo.

Hasta que cierto día, algo especial ocurrió: Entendí que yo había sido toda mi vida una persona que no controlaba sus emociones, ni sus pensamientos y que mi subconsciente llevaba las riendas de mi vida, haciendo conmigo lo que quería.

Y os digo algo muy importante: entender es solucionar.

Y así fue. Cuando entendí lo que me había pasado a largo de toda mi vida, decidí que aquello se había acabado. Tenía derecho a una vida plena y feliz, como todo el mundo.

Mis ánimos ya estaban arriba de todo y empecé a escribir artículos sobre la depresión en este blog, junto a mi amigo colombiano que conocí en Perú, Marcos Fragua, en base a mis experiencias vividas y haciendo consultas con terapeutas que había conocido durante toda mi vida, tanto en la universidad, como en mis años de depresión.

Y ahora, para terminar, os confesaré algo clave: ¿Qué fue lo que me sacó de la depresión?
Me sacó de la depresión el hecho de entender por fin lo que me pasaba y por qué sucedía.

¿Y cómo por fin logré entenderlo?

Gracias a “auto-observarme, lo entendí y solucioné.

Un abrazo a todos y muchos ánimos, sólo se trata de querer entender como funciona nuestro cerebro.

Fernando de Luna.

(Co-autor de este blog )


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